ROMANOS 7: MUERTO A LA LEY.

Muerto a la Ley, una analogía tomada del matrimonio.

Para el Apóstol, servir a Dios sólo procurando siempre guardar la Ley es vivir bajo "el régimen viejo de la letra". Lo que Dios desea, nos dice Pablo, es que vivamos sometidos al "régimen nuevo del Espíritu". Una cosa muy distinta es obedecer a alguien porque así está escrito en una ley o estatuto y tener el temor del castigo por no cumplirla; a obedecer a alguien porque se le ama y no deseamos ofenderle ni perjudicarle, queremos sólo hacerle bien.

El Apóstol Pablo quiere llevarnos, junto con los judíos "(pues hablo con los que conocen la ley)", hacia un nuevo modo de servir a Dios, hacia una forma menos externa, quiere que el cumplimiento de la Ley de Dios sea desde dentro, desde el corazón. Por eso la Escritura habla de cambiar el corazón del hombre, de poner un nuevo corazón, de poner Su Espíritu dentro de nosotros. El cristianismo no es una religión de normas y leyes, como el judaísmo, sino una religión de amor, de relación personal, amorosa y paternal con Dios. A veces las iglesias quieren volver la fe cristiana a esos rudimentos antiguos, atiborrando el alma de los hijos de Dios con todo tipo de reglamentos que cohartan la fluida relación de amor que Dios desea tener con Sus hijos.

Para inculcarnos que los cristianos ya no debemos funcionar por obligación, bajo la Ley, el escritor se vale de un símil. Compara nuestra relación con Dios a través de la Ley, con un matrimonio. Él dice: la Ley rige sobre los esposos mientras ambos están vivos, en cuanto uno de los dos muere ya no hay matrimonio ni obligación de uno para con otro. Si ustedes ya murieron con Cristo, entonces ahora la Ley nada puede hacer contra ustedes. "4 Así también vosotros, hermanos míos, habéis muerto a la ley mediante el cuerpo de Cristo, para que seáis de otro, del que resucitó de los muertos, a fin de que llevemos fruto para Dios."

La conclusión es que el correcto modo de servir a Dios, a partir de la conversión a Jesucristo, ya no es sirviendo a la Ley sino bajo el régimen del amor de Dios.

El pecado que mora en mí: un conflicto dentro del creyente.

Luego que ha establecido que ya no somos esposos de la Ley sino de Cristo, se avoca al problema del pecado que persiste en el cristiano. Si ya no funcionamos por Ley "7 ¿Qué diremos, pues? ¿La ley es pecado? En ninguna manera."

Explica que la Ley es muy útil al ser humano ya que le muestra su pecado: "7... Pero yo no conocí el pecado sino por la ley; porque tampoco conociera la codicia, si la ley no dijera: No codiciarás."

Pero advierte que la Ley que prohibe, estimula al hombre a pecar: "8 Mas el pecado, tomando ocasión por el mandamiento, produjo en mí toda codicia; porque sin la ley el pecado está muerto."

"12 ... la ley a la verdad es santa, y el mandamiento santo, justo y bueno" pues expresa el deseo de Dios con respecto a nosotros. Él quiere que actuemos así como lo describe Sus mandamientos.

Hay un conflicto muy grande dentro de todo cristiano, Pablo lo dice muy bien: "14 Porque sabemos que la ley es espiritual; mas yo soy carnal, vendido al pecado. / 15 Porque lo que hago, no lo entiendo; pues no hago lo que quiero, sino lo que aborrezco, eso hago. / 16 Y si lo que no quiero, esto hago, apruebo que la ley es buena."

Quien actúa en el hombre cuando desobedece a Dios, es el pecado que vive en él: "17 De manera que ya no soy yo quien hace aquello, sino el pecado que mora en mí. / 18 Y yo sé que en mí, esto es, en mi carne, no mora el bien; porque el querer el bien está en mí, pero no el hacerlo. / 19 Porque no hago el bien que quiero, sino el mal que no quiero, eso hago. / 20 Y si hago lo que no quiero, ya no lo hago yo, sino el pecado que mora en mí."

Interiormente el ser humano (cristiano) se deleita en la ley de Dios; pero su naturaleza humana se rebela contra esa ley y lo lleva cautivo a una ley o principio de pecado que está en sus miembros. Tal frustración lleva a exclamar al Apóstol: "24 ¡Miserable de mí! ¿quién me librará de este cuerpo de muerte?"

El único que puede liberarnos de este "cuerpo de muerte", de esta naturaleza que nos conduce al mal, es nuestro Señor Jesucristo, pues el mató este cuerpo en la cruz . Aunque la carne del ser humano esté gobernada por la "ley del pecado", su mente sirve a la ley de Dios. La solución para resolver este antagonismo interno entre mente y carne, entre la ley del pecado y la ley de Dios, es la cruz, la muerte del viejo hombre en la cruz de Jesucristo, no vivir conforme a la carne sino conforme a la aspiración de nuestra mente, dicho mejor "conforme al espíritu".


Comentarios

  1. M gusto, tremenda explicacion, entendí algo q no habia cmprendid jamas...

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