lunes, 22 de noviembre de 2010

2 CORINTIOS 1: MINISTROS DE CONSOLACIÓN.

En Corinto se encuentra una gran área arqueológica para visitar, desde el Monte de los Corintios a toda la zona que se halla a sus pies, donde San Pablo se dirigía con sus cartas a los pobladores de la región, el templo de Apolo y el de Poseidon.

SEGUNDA EPÍSTOLA DEL APÓSTOL SAN PABLO A LOS CORINTIOS

“3 Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, Padre de misericordias y Dios de toda consolación, 4 el cual nos consuela en todas nuestras tribulaciones, para que podamos también nosotros consolar a los que están en cualquier tribulación, por medio de la consolación con que nosotros somos consolados por Dios. 5 Porque de la manera que abundan en nosotros las aflicciones de Cristo, así abunda también por el mismo Cristo nuestra consolación. 6 Pero si somos atribulados, es para vuestra consolación y salvación; o si somos consolados, es para vuestra consolación y salvación, la cual se opera en el sufrir las mismas aflicciones que nosotros también padecemos. 7 Y nuestra esperanza respecto de vosotros es firme, pues sabemos que así como sois compañeros en las aflicciones, también lo sois en la consolación.”

Dios es bueno, Él es misericordioso con el ser humano, sea que sufra dolores físicos, psicológicos o espirituales, sea cual sea su carencia. Alguien en broma escribía “este era un hombre tan pobre que sólo tenía dinero”. Sí, también puede haber dolor, soledad, frustración, vacío espiritual, etc. en las personas acomodadas. El sufrimiento no mira clases sociales, niveles culturales ni edad. Nuestro Padre Celestial es “Padre de misericordias y Dios de toda consolación”.

Quien le tiene como verdadero Padre, recibe mucho consuelo. Debo confesar que, como todo ser humano, he sufrido grandes penas familiares, pero el buen Dios ha sido mi consuelo. Además Él ha puesto personas, entre ellas mi amada esposa, que han derramado un bálsamo de consolación a mis heridas. Dios “nos consuela en todas nuestras tribulaciones”. De hecho Él ha puesto el Espíritu Santo de consolación en cada uno de Sus hijos.

El deseo del Señor es darnos de Su amor consolándonos, trayéndonos paz y aumentando nuestra fe; pero también estará dichoso si, naciendo el amor en nosotros, somos capaces además de consolar a otros. Es decir que Su consuelo corre como un río de amor, por medio de Sus hijos, a otras vidas. El anhelo de Dios es que “podamos también nosotros consolar a los que están en cualquier tribulación, por medio de la consolación con que nosotros somos consolados por Dios.”

Siempre el amor que Dios da es un amor para compartir, no es un consuelo egoísta centrado en una sola persona, es un río que busca regar todo el valle. Como el agua de las montañas que cae desde la altura por entre las peñas y quebradas y va regando cuanta tierra sedienta de humedad encuentra en su camino, así es el amor del Señor, quiere saciar de Sí a toda alma sedienta y necesitada de consolación espiritual. El consuelo de Cristo es abundante y nunca merma Su amor.

En el caso de los siervos de Dios, Sus ministros, sean estos maestros, pastores, evangelistas, profetas o apóstoles, sean estos obispos o diáconos; la tribulación que ellos viven por causa de la obra de Dios es para consuelo y salvación de otras vidas. Los misioneros se arriesgan hasta la muerte en regiones inhóspitas, predicando el Evangelio; los evangelistas se exponen al rechazo y las burlas de una sociedad materialista y atea, con tal de ganar unos pocos para Jesucristo; cada pastor en los barrios de este mundo, lucha día a día por rescatar las almas de las garras de Satanás, no sin exponerse al enemigo espiritual que ataca de mil formas. En cierto modo, los ministros del Señor viven parte de los padecimientos de Cristo, como en otra de sus epístolas dice San Pablo: “Ahora me gozo en lo que padezco por vosotros, y cumplo en mi carne lo que falta de las aflicciones de Cristo por su cuerpo, que es la iglesia” (Colosenses 1:24). En ese sufrimiento se opera la consolación y salvación de muchas almas. Por ello, acompañar a los ministros de Dios también es una tarea con mucha recompensa en los cielos. Hay un galardón para los que trabajan en la obra del Señor, una firme esperanza para aquellos que son camaradas tanto en las aflicciones como en la consolación.

Oración.
Amado Padre Celestial: Te damos gracias por esta Palabra que nos alienta a continuar en Tu camino de servicio a las almas afligidas y que requieren de salvación y consuelo. Permite que cada uno de nuestros dolores, los tengamos en poco en comparación con los sufrimientos de Tu Hijo en la cruz del monte Calvario; y sencillamente los consideremos un regalo Tuyo para perfección de nosotros y la obra evangelizadora de la Iglesia. Que no seamos tan sensibles a nuestros propios sufrimientos, sino a los del prójimo. Que el Espíritu Santo nos de sabiduría, como al Apóstol, para comprender el sentido de los dolores que Tú permites en nuestras vidas. Por Jesús, Amén.

3 comentarios:

  1. mi amado Pastor mucha verdad en las palabras de apostol en relacion a que debemos experimentar la consolacion del Señor para poder consolar a otros, esto me lleva a que debo morir a mi orgullo y egoismo, dejando que Dios opere en mi vida para la consolacion de otros.
    Dios le bendiga amado.

    David Bórquez. Iquique.

    ResponderEliminar
  2. Una vez perdí a mis progenitores, a poco espacio uno de otro. Antes, sòlo seis meses antes de morir el primero de ellos, murió mi hermanito menor a quien el Señor creo haberle dado la vida eterna, por su misericordia. Quedamos tres hermanos, y luego nos castigó la suerte, porque un feómeno nos dió duro: la vida nos separó muchos años, ahora nada sentimos el uno por otro, porque la distancia y el silencio hicieron estragos. Ya viejos, estamos tratando de llegar a mirarnos. Desde aquí magicamente El Señor Jesús me envió a consolar a quienes pierden sus queridos antes de ser llevados al camposanto, haciendo de ministro de la consolación, rezandoy dando un mensaje desde Cristo, (su palabra) y desde la Iglesia (nuestra familia). Saco fuerzzas para esto, como tambièn creo que la Esperanza, se fortalece. Parto de mi espiritualidad interior y particular, para llegar a dar un mensaje de consolocación y Esperanza en la Resurreccion, como resucito el Señor Jesucristo de entre los muertos, destruyendo nuestra muerte y a decir de San pablo, que si El no hubiera resucitado vana seria nuestra, coin su Resurrección garantiza la Nuestra. Esto me mueve a continuar al pie, dando un servicio a la Iglesia de Jesus.

    ResponderEliminar
  3. ¡Muchas gracias, hermano por su aporte! Sólo un Dios tan amoroso y sabio como el nuestro puede transformar la tristeza en gozo, la muerte en vida, la soledad en esperanza. El Buen Pastor y Padre de toda misericordia le de padres, madres y hermanos, en todos aquellos que usted favorece con el mensaje del Evangelio. Un abrazo fraternal.

    ResponderEliminar