martes, 24 de agosto de 2010

1 CORINTIOS 7: CRISTO, EL ESPOSO.

“1 En cuanto a las cosas de que me escribisteis, bueno le sería al hombre no tocar mujer”

El Apóstol opina que “bueno le sería al hombre no tocar mujer”. Dios nos hizo con sexualidad, Pablo lo sabe. La sexualidad en sí misma es una función humana, necesaria para la reproducción y multiplicación de la raza humana, como para prodigarse amor los esposos. La sexualidad no es pecaminosa, como no lo es el comer, el respirar o el caminar. Sin embargo los pecados surgen de la distorsión de esas funciones, como la pornografía, la gula, la drogadicción, etc. Y si el sexo no es algo malo para el hombre ¿por qué el escritor de esta carta dice que “bueno le sería al hombre no tocar mujer”? La respuesta se nos da en los siguientes versículos:

26 “Tengo, pues, esto por bueno a causa de la necesidad que apremia; que hará bien el hombre en quedarse como está.” Vivimos en el tiempo del fin, próximos al regreso del Señor. Apremia, entonces, que cumplamos la tarea de anunciar Su mensaje de salvación a aquellos que aún permanecen en tinieblas. Si estás casado tienes muchas otras obligaciones que cumplir. De ningún modo el Apóstol obliga al celibato pero sí lo recomienda para permitir una mayor dedicación a la obra de la Iglesia.

27 “¿Estás ligado a mujer? No procures soltarte. ¿Estás libre de mujer? No procures casarte.” Quien ha contraído el compromiso del matrimonio, no debe desligarse y renunciar a él, sino cumplirlo con toda dedicación. Si es varón debe amar a su esposa, tal como Cristo ama a la Iglesia; si es mujer debe amar a su esposo como ama al Señor y sujetarse a él como se somete a Jesucristo. El que está soltero está libre. El matrimonio significa ciertas ataduras, como a) preocuparse del otro en forma integral; b) renunciar a sus asuntos por amor al cónyuge; c) depender en cierto modo del carácter y emociones del otro. El matrimonio no impide el servicio a Dios (pensemos en Priscila y Aquila) pero la soltería ayuda a una mayor entrega.

28 “Mas también si te casas, no pecas; y si la doncella se casa, no peca; pero los tales tendrán aflicción de la carne, y yo os la quisiera evitar.” Es inevitable que la persona que se casa sufra las consecuencias de ese estado, por ejemplo: a) desavenencias matrimoniales; b) problemas económicos; c) enfermedades de los hijos; d) diversidad de caracteres, no siempre fáciles de gobernar, etc. Si permanece virgen no conocerá en carne propia estas dificultades, aunque tendrá otras, pero de menor envergadura pues atañerán sólo a una persona. Casarse significa responsabilizarse de sí mismo, del cónyuge y de los hijos; y en algunas oportunidades de otros miembros de la familia. Todos estos problemas, dice el Espíritu Santo, traerán “aflicción de la carne, y yo os la quisiera evitar.”

32 “Quisiera, pues, que estuvieseis sin congoja. El soltero tiene cuidado de las cosas del Señor, de cómo agradar al Señor” El deseo del escritor es que no sufran los cristianos y puedan servir en la tarea de difundir el Evangelio en todo el orbe, sin mayores problemas personales. La soltería permite que la persona se preocupe exclusivamente de las cosas de Dios, que tenga mucho tiempo para orar y adorar al Señor; para leer, reflexionar y estudiar las Sagradas Escrituras; para enseñar la Palabra de Dios a otros que lo requieran; para visitar a los necesitados de ella, a los enfermos, los presos, los ancianos, los discapacitados; para evangelizar y misionar sin restricciones.

33 “pero el casado tiene cuidado de las cosas del mundo, de cómo agradar a su mujer.” La persona cristiana casada debe preocuparse de muchas cosas que quizás desvían su atención de asuntos propios de la Iglesia y el Reino de Dios. Si bien es cierto todas las cosas pertenecen al Señor y no debiéramos hacer separación entre lo llamado “secular” y eclesial o divino, al parecer Pablo sí hace una diferencia entre tener cuidado de “las cosas del mundo” y tener cuidado de las cosas de Dios. Efectivamente existen cosas de Dios como orar, alabar, ofrendar, predicar, servir y cosas del mundo como trabajar, soportar jefes injustos y compañeros de trabajo impíos, compartir con personas no creyentes para ganar el sustento diario.

San Pablo dice que “el casado tiene cuidado de las cosas del mundo, de cómo agradar a su mujer” ¿Será una cosa mundana amar a la esposa? ¿Habrá querido decir eso el Apóstol? Indudablemente no pues la familia cristiana es santificada por el cónyuge creyente, es parte de la Iglesia. Atender al esposo o esposa, educar a los hijos, salir a comer con el cónyuge o la familia, departir con los amigos en familia, etc. es algo santo y bueno, pero que demanda también mucho gasto de energía por parte del cristiano. En todo caso, la Biblia no prohíbe el matrimonio sino que destaca que éste implica tan duras responsabilidades que será un factor que agregará dificultades en la vida del siervo de Dios.

35 “Esto lo digo para vuestro provecho; no para tenderos lazo, sino para lo honesto y decente, y para que sin impedimento os acerquéis al Señor.” Finalmente recalca la Palabra de Dios que todo lo dicho es sólo para nuestro provecho, no para molestar ni impedir, ni juzgar. La idea es que vivamos una vida honesta y decente, sin ningún impedimento para servir a Dios. De tal modo que de ahora en adelante no tenemos excusa para no servir al Señor y a la Iglesia. Nadie ponga como razón sus compromisos de familia para no cumplir los deberes para con Dios, sino que pida al Señor cómo servirlo con las limitaciones y exigencias que le impone el tipo de vida que lleva, y como administrar su tiempo, redimirlo y maximizarlo en función de la tarea que Él ha encargado a cada uno.

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